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Rasmus Fleischer – Manifiesto postdigital

manifestetRasmus Fleischer (Halmstad, 1978) ha lanzado esta semana un nuevo manifiesto que está teniendo cierto eco en los medios de comunicación suecos: Det postdigitala manifestet. Hur musik äger rum (Manifiesto postdigital. Cómo la música se abre paso. Ink Bokförlag). A mí me ha llegado la versión en papel, pero está descargable en varios formatos, y por supuesto en The Pirate Bay -eso sí, solo en sueco.

Fleischer es un agitador cultural muy inteligente que se mueve como pez en el agua en el campo de los estudios culturales en la era posdigital. Su blog Copyriot es una fuente de inspiración continua más allá de la nueva cultura musical, y algunas de las entradas las publica también en inglés.

Mi sueco es bastante precario aún, pero diría que Fleischer considera que los cambios en la industria musical marcan el camino a una nueva era posdigital, para la que propone algunas estrategias:

  • nuevo acercamiento crítico: la gente se fía más de una entrada en un blog que de un artículo de periódico; la figura del crítico (de música o de lo que sea, añado yo) o se adapta a las nuevas fuentes de autoridad, o desaparece
  • reflexionar más: en línea con la iniciativa de los No Music Days, propone una mayor reflexión sobre lo que está pasando, a través de pausas en el flujo que nos permitan desconectar para poder situarnos mejor en un panorama inédito, que toda la música de todos los tiempos está a un clic y podemos almacenarla en minísculos dispositivos portátiles.
  • nueva política cultural: los políticos no entienden nada si piensan que pueden parar el flujo o dictar qué es cultura y qué no lo es; el cierre del Café Edenborg es un ejemplo de estos errores, y está convirtiendo la Ciudad Vieja de Estocolmo en una zona turística sin personalidad
  • nueva economía postdigital: lo digital lleva a lo no digital. Estocolmo -y toda Suecia- se ha convertido en una explosión de conciertos, festivales de música y actividad cultural floreciente gracias a The Pirate Bay y la cultura del intercambio libre; ha nacido una nueva forma de economía en la que el «sharismo» da lugar a más música, más grupos y más conciertos, es decir, a más riqueza y variedad.

En mi opinión, desde el mundo educativo haremos bien en estar pendientes de los cambios en la industria cultural, porque Fleischer tiene razón al decir que de los cambios en música han abierto un nuevo panorama dentro de la sociedad digital. Cuanto antes caigan los muros en el terreno educativo, antes será posible entrar en una educación postdigital en la que el centro del aprendizaje radique en el individuo y su libertad, lo que aquí hemos llamado Edupop.

La desnaturalización de lo digital

Ayer terminó el III Congreso Internacional de FIAPE, del que ya habíamos hablado hace unos días. Han sido tres días de intenso intercambio entre los escasos asistentes -apenas 50 personas en las sesiones plenarias más concurridas, cuando los inscritos superaban los 120, según la organización- y mi impresión ha sido bastante buena, dentro de lo que cabe.

Dejo a continuación el slideshare de mi participación:

Me detendré aquí en un sólo tema, y dejaré otras reflexiones para la Navaja de Ockham, donde también encontraréis enlaces al material que utilizamos en el taller: «Profesor 2.0: nuevos modelos educativos en tiempos de crisis pedagógica«. Lo cierto es que la aceptación del taller y la respuesta de los asistentes fue muy positiva, dentro de la inseguridad que el planteamiento conectivo provoca (tanto entre los no iniciados como entre los «expertos»). Quizá esto explique el fenómeno que me ha parecido reconocer en el Congreso, que en general abunda en la «educasfera», y que podríamos llamar algo así como la «desnaturalización de lo digital».

Y es que parece que lo natural consiste en trabajar según esquemas en los que el protagonista del proceso de aprendizaje es el alumno, que construye -con sus compañeros y la ayuda del profesor- un conocimiento en el aula. O al menos esa es la metodología -a la manera constructivista- en la que la mayoría de los profesores ELE se reconoce.

Sin embargo, a la hora de elaborar actividades 2.0 en la red el «director de orquesta» -metafora de un amigo durante el congreso- es el profesor, que es el que dice cómo, cuándo y porqué se hacen las cosas, que para eso es el pedagogo, el experto que conoce la mejor manera en que sus alumnos deben aprender. Mientras tanto, los músicos replican en la red procedimientos más bien propios de los años 70, rellenando huecos y realizando actividades conductistas diseñadas en Hot Potatoes o en forma de WebQuest. En definitiva, desnaturalizando un espacio -lo digital, la nueva red- donde, mal que a muchos les pese, los alumnos se sienten como pez en el agua…

Quizá todo esto tenga que ver con eso que se ha llamado miedo 2.0, no sé.

Nodos en el III Congreso Internacional de FIAPE

Del 23 al 26 de septiembre participaré en el III Congreso Internacional de FIAPE (Federación Internacional de Asociaciones de Profesores de Español), que han decidido subtitular «La enseñanza del español en tiempos de crisis».

El no-taller, titulado «Profesor 2.0: nuevos modelos educativos en tiempos de crisis pedagógica», durará unos 90 minutos, y tiene como objetivo básico discutir el panorama pedagógico actual en ELE, sobre todo lo vinculado con las nuevas tecnologías y lo 2.0.

La tesis, ya la adelanto, es que nos encontramos ante una crisis pedagógica global en la que la mayoría de tendencias, disfrazadas de modernidad dospuntoceril, no hacen sino replicar modelos ya obsoletos que alejan cada vez más el mundo ELE de la realidad. Esta brecha pedagógica, que ha ido creciendo desde mediados de esta década, aumenta conforme lo digital cobra más y más protagonismo en nuestra sociedad, exigiendo a los docentes un replanteamiento de su actividad en conjunto, y no sólo de metodologías concretas en el aula.

    Podéis encontrar más información sobre el Congreso en su página, y consultar el programa en su versión web o en pdf.

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Marcas blancas y educación

No he leído todavía el nuevo libro de Alejandro Piscitelli: Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación (Santillana, 2009), pero creo que tengo suficiente información como para hacerme una idea de su contenido. Me gustaría al respecto llamar la atención sobre la excelente reseña de Hugo Pardo Kuklinski en digitalismo.com.

Piscitelli es siempre una fuente de estímulo constante, gracias no solo a su fértil capacidad de generar ideas sino también a esa lectura proactiva de que habla Kuklinski, y a la que felizmente nos aboca. Sin embargo, creo que cada vez está más equivocado; ya de principio me supuso una sorpresa que insista en el término «nativos digitales» cuando el propio Marc Prensky ha entonado con muy buen criterio la palinodia, y cuando ya sabemos que es una noción insostenible.

La reseña está hecha con afecto hacia al maestro, pero desmonta los errores de base del libro; es lo que llama «matices», y que en realidad son auténticas refutaciones:

    1. La publicidad no puede ser referencia para el mundo educativo, ya que se trata de una institución que está más en crisis todavía. Kuklinski pone el dedo en la llaga acuñando la afortunada expresión «marcas blancas de la educación», que desde ya me apunto como uno de los conceptos que marcarán los próximos años. Dice HPK:

    Seguramente Piscitelli escribe pensando en Argentina y Latinoamérica y no le falta razón. Pero mi experiencia europea en España y la americana en Stanford University me dice que existen instituciones educativas y/o profesores que logran un sentido de pertenencia de sus usuarios tan relevante que se convierten en marcas reconocidas. Y ese sentido de pertenencia es de por vida transmitido en el valor de “pertenecer” a dicha institución (algunas universidades latinoamericanas de élite podrían entrar en esa categoría como el TEC de Monterrey, por ejemplo).

    El problema lo tienen las “marcas blancas” de la educación, las instituciones que no han sabido o podido construir prestigio a su alrededor y que se convirtieron irremediablemente en un costoso parking de jóvenes antes de ingresar al mercado laboral y en un aún más costoso espacio de profesores sin voluntad de crecer profesionalmente, sin redes internacionales y muy cómodos en su rol funcionarial, sin exigencias meritocráticas ni competencia real, cómodos en la cultura endogámica que les ofrece el sistema (pienso en España donde la tasa de endogamia es altísima).

    2. La periferia educativa es un mito. Citando a la Stanford Social Innovation Review: «The biggest obstacle to reducing poverty is not low-income communities’ lack of capacity, but society’s stereotype they are unable to help themselves.». Exacto. La brecha digital -en una sociedad de conocimiento en red- no depende del hardware sino del mindware, y por tanto de factores sociales. Esto es tan aplicable a la Argentina como a España, cuyo futuro en este terreno está por ver.

    3. La novedad del cambio tecnológico es falsa. Siempre la ha habido. La hubo al cambiar el rollo de papiro por el libro de pergamino, y la hay ahora.

Frente a esto, las reflexiones de Piscitelli sobre cultura pop, basadas en Steven Johnson, uno de los autores que más seguimos en Nodos Ele, y sobre redes sociales, centran mejor los asuntos, a mi parecer.

Lo mejor en todo caso es que lean el libro de Piscitelli -dejándose llevar por su entuasiamo proactivo– y la reseña de Hugo Pardo Kuklinski, y saquen conclusiones por sí mismos. Personalmente estoy de acuerdo con la tesis de base de este último: un adanismo basado en cambios tecnológicos supuestamente revolucionarios llevados a cabo por una generación de nuevos entes cognitivamente superiores, es un error de bulto.

Lo que en realidad se está configurando es una nueva forma de interacción entre los elementos del complejo educativo, en la que la marca de cualquiera de ellos vendrá referenciada en términos de reputación, conectividad y conocimiento; una Universidad, por ejemplo, más cercana a las medievales que a las del siglo XX.

Lo demás no parece sino una nueva versión del antiguo lema de la sociedad industrial: «el cliente siempre tiene la razón».

Experimento mental. El peligro de la lectura.

Imaginemos un universo paralelo exactamente igual al nuestro salvo en una cosa, un cambio relacionado con la historia de la tecnología: ¿Qué pasaría si los videojuegos se hubieran inventado y popularizado antes que los libros?

En este universo paralelo, los niños hace siglos que juegan a videojuegos, y en ese contexto es donde, de repente, han aparecido los libros. ¿Qué podrían pensar padres, profesores y las autoridades culturales, ante la avalancha de chavales que leen y dejan de lado sus consolas y ordenadores? Quizá podría sonar a algo como esto:

La lectura crónica de libros entorpece el desarrollo de los sentidos. Al contrario de lo que ocurre con nuestra larga tradición como jugadores de videojuegos – con los que nuestros hijos tienen la oportunidad de convivir con un mundo tridimensional, vivo, lleno de imágenes en movimiento y paisajes musicales, y que controlan con complejos movimientos musculares – los libros son simples y estériles lineas de palabras sobre una página. Sólo hace falta dedicar una mínima parte del cerebro para procesar el lenguaje escrito, mientras que los juegos implican gran parte del cortex motor y sensorial.

Los libros, además, aislan de una manera trágica. Mientras los juegos implican a nuestros jóvenes en complejas relaciones sociales con sus compañeros, contruyendo y explorando mundos, los libros obligan a los niños a «secuestrarse» en lugar apartado, lejos de la interacción con otros compañeros. Las nuevas «bibliotecas» que han surgido en los últimos años para fomentar actividades de lectura son tremendamente inquietantes: docenas de jóvenes, tan vivaces y socialmente activos antaño, hacinados en soledad en sus cubículos, haciendo caso omiso de los compañeros que tienen al lado.

¡Claro que muchos niños disfrutan leyendo libros! Y no cabe duda de las sensación de fantasía y abstracción del mundo que proporciona la lectura… Pero para un gran porcentaje de la población, los libros son básicamente discriminación. Sólo hay que pensar cómo esta moda de la lectura que nos acecha en estos años insulta de manera cruel a los 10 millones de americanos que sufren de dislexia -condición, la de disléxico, que ni siquiera existía hasta que el texto impreso vino a estigmatizar a los que la sufren.

Pero quizá el mayor peligro que podemos atribuir a los libros es el hecho de que siguen un patrón completamente lineal. Los lectores no pueden controlar la narrativa de ninguna manera. Simplemente te sientas y el libro te cuenta una historia. ¡A los que hemos crecido con narrativas interactivas (las de los videojuegos), esto nos parece escandaloso! ¿Cómo es posible que alguien quiera embarcarse en una aventura que ya ha sido perfectamente coreografiada por otra persona? Pues bien, parece que esta generación está cayendo en las pseudoaventuras de los libros todos los días. Lo que conlleva el riesgo de fomentar en nuestros jóvenes pasividad general y les hace sentir que no tienen facultades para cambiar su destino… Leer no es un proceso activo, participativo: es un proceso sumiso. Estamos entrenando a nuestros jóvenes para que se limiten a «seguir la trama» en vez de preparlos para tomar sus propias riendas…

Steven Johnson : Everything bad is good for you (pp. 19-20)
La traducción es mía.

What is Edupop? The confederacy of the Lambs

Hace casi un año que Emilio Quintana y David Vidal redactamos el Edupop Manifesto/Manifiesto Edupop [download EdMa pdf], como respuesta a la extraña acogida que el Manifiesto Edupunk llegó a alcanzar entre gran parte de la blogocosa educativa, también en España.

El pasado 11 de junio Balzac.tv puso en antena un reportaje a propósito del Simposio Educación Expandida organizado por Zemos98, en el que entrevistan a Brian Lamb (Office of Learning Technology, Vancouver) y le preguntan sobre Edupop. Su respuesta nos lleva a matizar algunas cosas, sobre todo porque durante este año nos hemos dado cuenta de que son muchos los que piensan como él.

Obviamente, Brian Lamb no había escuchado hablar de Edupop hasta que Gina Tost (a petición de Rubén Díaz) le hizo la pregunta en cuestión: «¿Por qué no Edupop en vez de Edupunk?» (minuto 7:44).


Balzac.tv: Educación expandida

La verdad es que Zemos98 podía haber tenido mejor respuesta si hubiera aceptado nuestro proyecto para el Simposio, pero en todo caso, el tema está claro: Brian Lamb no sabe de qué le están hablando, no se ha leído el Edupop Manifesto, y sale del paso con una respuesta de aliño en función de lo que él entiende no por cultura pop sino por música pop.

En su respuesta, Brian Lamb habla del Edupop como de algo burdo, «comercial, fácil de producir», en definitiva, mainstream: «Si quieres hacer Edupop haz Edupop», dice, mientras pone sobre la mesa los que son, a su parecer, los 3 puntos fuertes del Edupunk:

    – no tiene que ser perfecto
    – no tiene por qué estar pulido
    – no tiene que ser comercialmente aceptable

Desde que apareció la etiqueta «edupunk» se ha hecho un esfuerzo consciente para darle relevancia a todo lo que conduzca a oponer colectivos: punks vs. no punks, con el fin de conducir el debate a un único modelo de respuesta: la reacción negativa. Edupop no es una reacción negativa sino una propuesta que incide en los aspectos que hacen del Edupunk una gran falsedad.

El Edupunk se muestra, necesariamente, contrario a tender puentes con otras maneras de hacer las cosas: si quieres hacer Edupop, haz Edupop. A los Edupunks no nos importa, no te vamos a decir cómo hacer las cosas, y ni siquiera nos interesa lo que haces, porque seguro que es comercial y fácil de producir, y eso no es punk.

Todo esto estaría muy bien si no fuera una gran patraña, que esconde la parte totalitaria de la marca con su retórica rancia de «vultures of capital» [los buitres del capital] y su pose de niños malos subvencionados.

Hay 3 ideas que podemos compartir con los edupunks, porque están en los dos manifiestos. Sin embargo, las interpretaciones que les damos son diferentes y desvelan su cara oculta:

  1. Culture and knowledge is everywhere. Este principio, que sin duda es fundamento de la llamada Educación Expandida no debería distinguir espacios ni ámbitos de aprendizaje. Sin embargo, la atención de la comunidad educativa -no sólo desde el Edupunk, sino desde los propios espacios de difusión como el Simposio organizado por Zemos 98- resulta que está centrada en las Instituciones, como puede deducirse del video anterior. ¿Qué broma es esta?

  2. We live in a connective world… pero que solo puede ser concebido de manera compleja. Los dualismos y las visiones ingenuamente reduccionistas que suelen manejarse no sirven. No quiero extenderme más, pero en Everything bad is good for you hay ejemplos que nos ayudan a entender por qué el Edupunk supone un modelo de comprensión de la educación conformista con el establishment.

  3. Individuals must be free to do as they want in it… porque el conocimiento reside fundamentalmente en los individuos y sus conexiones, libres para compartirlo de la manera que ellos determinen. En el Sharismo radica la esencia de la naturaleza del conocimiento, que sólo surge cuando es conectado, y no en virtud de ninguna actitud seudosubversiva ajena a la realidad.

Join to the perfect melody, join Edupop!

Trabajo en equipo y conformismo

No me resisto a llamar la atención sobre otro acertadísimo post de George Siemens que lleva por titulo: «Why group norms kill creativity» [«Por qué las normas de grupo se cargan la creatividad»] y que es una glosa de un estudio del que se hace eco Jeremy Dean en el que se demuestra que el trabajo en equipo no sirve para innovar creativamente sino que favorece el conformismo.

He decidido traducir entero el post de Siemens porque no tiene desperdicio:

Colaboración, cooperación, comunidades de práctica, inteligencia colectiva, y otros conceptos parecidos se han convertido en términos usuales dentro del campo de los negocios, en la propia sociedad y en el ámbito educativo.

Toda forma de organización debe rendir homenaje a la primacia del individuo. El conocimiento colectivo o sabiduría de las masas se malinterpreta con frecuencia, ya que se sugiere que las personas son inteligentes cuando piensan en grupo. Sin embargo, sería más apropiado decir que las personas son inteligentes cuando piensan por sí mismas y que esta inteligencia se ve amplificada en el momento en que entra en conexión. Se trata de una distinción sutil pero vital.

Un grupo homogéneo normalmente no es efectivo en términos de creatividad. La diversidad individual y conectada es la que produce cambios significativos en la buena dirección. Un grupo puede refinar, extender, aumentar e incluso perfeccionar ciertos conceptos e ideas. Pero las normas de grupo acaban con la creatividad.

El maestro Siemens está en plena forma y sigue argumentando en favor de una inteligencia conectiva y no colectiva en la que el individuo es el centro. Estamos ante una auténtica ontología del aprendizaje, que en Nodos Ele hemos defendido desde siempre. Como escribe Dean en su impecable entrada:

Unfortunately groups only rarely foment great ideas because people in them are powerfully shaped by group norms: the unwritten rules which describe how individuals in a group ‘are’ and how they ‘ought’ to behave. Norms influence what people believe is right and wrong just as surely as real laws, but with none of the permanence or transparency of written regulations… the unwritten rules of the group, therefore, determined what its members considered creative. In effect groups had redefined creativity as conformity.

Actividad Ikea: siga el manual de instrucciones

ikeaHace unos días hablábamos en Twitter sobre qué era una actividad Ikea. Este término se nos ocurrió a David Vidal y a mí cuando preparábamos el taller La Navaja de Ockham sobre evaluación de tareas 2.0 en el pasado Encuentro Práctico de Profesores de ELE.

El término actividad Ikea hace referencia a todas aquellas actividades pre-fabricadas, que encontramos en la mayoría de los libros que utilizamos en clase. Actividades que son hechas por y para el profesor y que normalmente no tienen en cuenta ni al aprendiente ni el momento presente: unos aprendientes y unas circunstancias concretos y unas características que diferencian lo que significa el aprendizaje en ese momento de otro; porque aprender y por tanto, educar, no significan siempre lo mismo.

En los últimos meses la Web 2.0, los blogs, wikis, podcasts, etc. y todo el debate y la formación de cómo utilizarlos en el mundo educativo han saltado de la red a los manuales. Ya podemos encontrar una parte de los libros de ELE dedicada a cómo utilizar un blog con Blogger o a grabar un podcast, por ejemplo.

Sin embargo, las herramientas que utilizamos en la Web para la educación cambian constantemente y a un ritmo cada vez más rápido. Dentro de poco nadie utilizará blogs ni podcast en sus clases porque aparecerán otras herramientas que se adapten mejor a cómo aprendemos en ese momento concreto. Se ha hecho ya rutina decir que el email, los blogs, incluso la Web 2.0 han muerto.

David Vidal y yo (y otros compañeros, seguro) nos preguntamos qué sentido tiene incluir «tareas 2.0» en libros de texto como si fueran otras actividades más, que se diferencian de las «no 2.0» simplemente porque utilizan internet, y que hay que utilizar porque ya se sabe que nuestros estudiantes las utilizan, porque son unos nativos digitales. A eso llamamos actividad Ikea.

En una actividad Ikea hay un manual con unas largas instrucciones que debemos aprender y seguir obedientemente para llegar a nuestro objetivo: construir una estantería o completar una actividad. Sin embargo, nosotros nos encontramos con un problema, como dijo David: «A mí no me encajan siempre las piezas». Y éste es el resultado:

Necesitamos, por tanto, tareas abiertas, que se diferencien en el enfoque educativo, un enfoque que se adapte a la manera actual de aprender.

Proponemos una vez más eliminar la etiqueta 2.0 y fomentar una educación y una formación de profesores centrada no tanto en las herramientas sino en la manera de aprender, que sí se ve expuesta a modificaciones constantes por los cambios que tienen lugar en la sociedad, sobre todo por la manera de relacionarnos y conectar con la información, el conocimiento y el mundo que nos rodea.

It's Student, Stupid!

Ahora que Marc Prensky ha decidido dar por amortizada su conocida dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales para poner el foco sobre lo que denomina “digital wisdom”, debemos ser más conscientes todavía de que el protagonismo del cambio en el mundo educativo no puede darse más que desde y para los propios estudiantes.

Hace unos días Lola Torres recuperó en su blog -en el marco de una entrada que tiene los enlaces justos, aunque no estén desarrollados- el vídeo que Michael Wesch montó en 2007 a partir de las ideas de 200 estudiantes de Antropología Cultural de la Kansas State University. Aquí son los propios estudiantes los que toman la palabra y cuentan cómo y qué necesitan aprender, qué objetivos, esperanzas o sueños albergan para el futuro, cómo prevén ese futuro que les pertenece:

Supongo que Lola ve este hecho en una línea «edupunk» (su entrada lleva por título «hackeando la educación»). Los que vemos el mundo educativo desde un punto de vista «edupop» miramos con interés iniciativas como la de GradeGuru, un servicio en el que los estudiantes que necesitan mejorar sus notas pueden contar con la ayuda de otros compañeros, a cambio de una recompensa económica:

«GradeGuru.com is a note sharing platform for college students to share notes, give each other feedback and engage in collaborative learning. GG is an information sharing site created by students for students. We’re also providing students with cash and rewards for their notes because we believe students should earn for sharing their knowledge. Our vision is to create a community of students who can rely on each other for academic support – whether through the feedback they receive on the notes that they contribute, or the ability to download their peers’ notes for free.

Since GradeGuru is a meritocracy, how much you get rewarded will be determined by how good your peers think your notes are.»

A los profesores nos pagan por enseñar, ¿por qué los estudiantes que enseñan a sus pares no pueden recibir a cambio lo que quieran? Es lo que subyace en el sharismo de Isaac Mao, y en el Manifiesto Edupop que David Vidal y yo publicamos en este blog:

«Technology and knowledge must be free to share, sell or use in order to give away ideas, innovations and visions. So we will receive whatever is shared, sold or gave away in return. We live in a connective world where culture and knowledge is everywhere, and individuals must be free to do as they want in it».

Y de Alemania viene Sofatutor, que ha entrado en beta esta semana, otra iniciativa nacida entre universitarios. La idea no está totalmente definida todavía pero se trata de una plataforma educativa basada en la posibilidad de que cualquiera pueda producir vídeos al estilo commoncraft y gane dinero con ello:


sofatutor introduction from SofaTutor on Vimeo.


En el fondo, todo va en la misma dirección: horizontalidad, sharismo y foco en el aprendiente que es el protagonista tanto del proceso de aprendizaje como del proceso de enseñanza.

El manifiesto RenGen y el valor del español

3189089190_1d2bc42598_mManifiesto RenGen [pdf, trad. esp.]

La noticia de portada (y cuando digo de portada, quiero decir que abre la primera página, así de claro) de hoy en Le Monde me parece un acierto: «Films, expos… la culture ne connaît pas la crise»:

La culture affiche une santé insolente. Malgré la crise, le public est au rendez-vous. A tous les rendez-vous : les salles de cinéma ou de théâtre sont pleines, des concerts refusent du monde, les festivals ne désemplissent pas, des musées affichent des chiffres record.

L’année 2008 est excellente, voire exceptionnelle, avec une fréquentation à la hausse dans la plupart des secteurs.

Esta noticia me recuerda que hace unos meses traduje (y no publiqué) el Manifiesto RenGen de la norteamericana Patricia Martin, un texto que complementa su interesante libro al respecto. RenGen vale por «Generación Renacimiento» y lo que viene a decir Martin es que -al menos, en países como los Estados Unidos (y, desde luego, los Países Bajos, añado yo)- ha entrado en escena una nueva generación muy activa culturalmente y muy creativa intelectualmente:

Durante décadas nos hemos creído que la mayoría de los habitantes de EEUU puede ser caracterizado por la adicción a la comida basura y a los “reality show”. La idea de que el norteamericano medio está por debajo de la media ha alcanzado tal difusión en el imaginario colectivo, que mucha gente tiene dificultades para darse cuenta del cambio que está ocurriendo en nuestra sociedad.

Mira a tu alrededor. Por todas partes hay evidencias de que una nueva perspectiva está surgiendo. O si no, ¿por qué el 65% de los norteamericanos afirma que leer es su actividad favorita en el tiempo libre? ¿por qué compañías como Google o Microsoft entran en los sanctasanctórum de museos y bibliotecas buscando contenido para sus plataformas de entretenimiento? ¿por qué los museos de arte, los de ciencia, los acuarios y los zoológicos, atraen a más visitantes que todos los equipos deportivos profesionales de los Estados Unidos juntos, incluyendo las carreras de coches? ¿por qué los adolescentes abarrotan los “poetry slams” y publican cuentos cortos originales en sus blogs? ¿por qué las inscripciones en las escuelas de arte han crecido de un modo brutal en la última década? ¿por qué MySpace tiene más de 110 millones de miembros que usan el sitio como un inmenso tablón en el que expresarse?

Tenemos que revisar nuestra idea de la cultura de masas.

La autora se centra en gran medida en el márketing cultural, pero en general se trata de un texto que va en la misma dirección que la noticia que abre hoy Le Monde: el avance de la sociedad del conocimiento y sus implicaciones económicas en los países que saben implementarla.

¿Qué tiene que ver esto con la educación o la enseñanza de ELE? En mi opinión, más de lo que parece, ya que una lengua que sobrevive a base de números pero no de prestigio, se devalúa en un contexto de competencia cultural libre.